Introduccion a un relatoLo que más le gustaba recordar de su infancia era las tardes de verano en las que bajaba al lago con sus hermanas para capturar ranitas despistadas y, si el intenso calor apretaba, chapotear en el agua de forma torpe, ya que sus pequeños brazos se movían demasiado desacompasados como para considerar que aquello era nadar.Su cabello rubio, y tan largo como el de una princesa de cuento, se mecía al compás de las ondas descritas por el agua. En ocasiones, imaginaba que era una sirena y que sus aleteos describían corrientes submarinas perfectas, las cuales la ayudaban a impulsarse bajo el agua a gran velocidad.—¡Hazel, no te alejes de la orilla! —dijo una voz desde la superficie.—¡Sí, Ava! —respondió la niña con su voz infantil y cantarina, poniéndose en pie para que su hermana mayor viera que el agua solo le llegaba hasta la cintura.Ava sonrió y se quedó m